Lucas 2:25-33

"2:25 Y he aquí había en Jerusalén un hombre llamado Simeón, y este hombre, justo y piadoso, esperaba la consolación de Israel; y el Espíritu Santo estaba sobre él. 2:26 Y le había sido revelado por el Espíritu Santo, que no vería la muerte antes que viese al Ungido del Señor. 2:27 Y movido por el Espíritu, vino al templo. Y cuando los padres del niño Jesús lo trajeron al templo, para hacer por él conforme al rito de la ley, 2:28 él le tomó en sus brazos, y bendijo a Dios, diciendo: 2:29 Ahora, Señor, despides a tu siervo en paz, Conforme a tu palabra; 2:30 Porque han visto mis ojos tu salvación, 2:31 La cual has preparado en presencia de todos los pueblos; 2:32 Luz para revelación a los gentiles, Y gloria de tu pueblo Israel. 2:33 Y José y su madre estaban maravillados de todo lo que se decía de él."

(Lucas 2:25-33)


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